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Redacción El TiempoTexto publicado el 15 de julio de 1943. No se indicó su autor.29 de enero 2026, 10:23 P.M. Actualizado:29.01.2026 22:23Francisco A. Pérez, el popular y conocidísimo “Mamatoco”, hombre de color, boxeador que llevó sus puños por toda la América, político con aspiraciones parlamentarias, comerciante en receso, conspirador ingenuo, periodista y poeta apasionado, rindió anoche su vida en forma misteriosa, cuando dos sujetos desconocidos lo sorprendieron por la espalda, cruzándolo de diecinueve puñaladas. El crimen ocurrió en el Parque Santos Chocano, del elegante barrio de La Magdalena, a eso de las diez y treinta minutos de la noche de ayer. El cuerpo yacente del robusto “Mamatoco” fue hallado por un cabo de la Policía, cuando el púgil charolado, exhalaba el último suspiro.Este brumoso asesinato, que ha causado profunda consternación en los círculos de la Policía Judicial, abre un interrogante estupendo para la justicia investigativa y desde el amanecer de hoy todo el tren científico con que cuentan los funcionarios se movilizaba con extraordinaria rapidez hacia el desenmascaramiento de los emboscados criminales. “Mamatoco” era casado pero no tenía hijos; vivía con su esposa y con su señora madre; contaba treinta y seis años de edad, era del Magdalena y había llevado una existencia patética; últimamente, después de conspiraciones pueriles, editaba un semanario titulado “La Voz del Pueblo”, del cual derivaba su subsistencia. A las tres de la mañana el cronista de policía pudo saber que la investigación se orienta satisfactoriamente y que hay pistas bastante fuertes sobre los posibles asesinos.Parque Santos ChocanoEl Parque Santos Chocano es como el corazón del elegante barrio residencial de La Magdalena, habitado por familias de nuestra más alta sociedad; está situado en la Avenida 38-A con la carrera 15, rodeado de hermosas quintas. Hacia el extremo occidental existe un altísimo candelabro, cuyas luces se hallan apagadas desde hace varias semanas. El rectángulo está rodeado de acacias que miden dos metros de altura y por prados muy bien cuidados que sirven de protección al jardín.El barrio La Magdalena se ubica cerca al ParkwayFoto:IDUUn cadáverEn el Santos Chocano no había anoche vigilancia policiva. El parquecito se hallaba iluminado por el plenilunio y completamente solo a eso de las diez y treinta minutos de la noche.Las luces de las casas vecinas estaban todas apagadas, solamente se hallaban encendidas las de la residencia del coronel López y allí oyeron, a la hora indicada, varios gritos de auxilio; alguien abrió los cristales de una ventana y se asomó al parque, pero halló todo desierto y tranquilo, no dándole importancia a lo que había oído.A las diez y cuarenta minutos el cabo Alejandro Nieto, de la Octava División de Policía, entró al parque; recorría los puestos de vigilancia con el fin de anotar las novedades y controlar a los agentes.El cabo pasaba por el costado sur del Santos Chocano y cuando iba en la mitad del trayecto oyó un gemido casi estertóreo; volvió la vista y alcanzó a divisar tres montículos de pasto acumulados a corta distancia unos de otros por los empleados de la conservación del parque que durante la tarde habían arreglado los prados; del montículo de la mitad vio, a la luz de la luna, que salía el cuerpo de un hombre. Rápidamente se acercó, dándose cuenta de que se trataba de un hombre cuya cabeza había sido cuidadosamente cubierta con el pasto. El desconocido agonizaba.AuxilioEl cabo Osorio salió en precipitada carrera hacia la Avenida Caracas pitando las veces acostumbradas de auxilio; acudieron varios agentes y con éstos regresó al lugar del hallazgo, dándose cuenta de que el desconocido había fallecido; una rápida inspección les dio la certeza de que se trataba de un crimen, pues el cuerpo del infortunado estaba cubierto de sangre.Acuden los juecesEl parque del crimen está situado a tres cuadras de distancia de los cuarteles de la Octava División de Policía y a cuatro de las oficinas del Juzgado Permanente del Norte. El cabo Osorio dejó a los agentes custodiando el cadáver y acudió al juzgado en donde dio parte de lo ocurrido.Se hallaba de turno el doctor Saúl Amézquita; el funcionario pidió inmediatamente la colaboración de los fotógrafos y dactilóscopos de la Policía Nacional y se dirigió al lugar del asesinato.FotografíasLos funcionarios llegaron al parque Santos Chocano con el fin de iniciar las diligencias investigativas; allí sólo se encontraban varios policías y los cronistas de la prensa.El juez dio orden a los fotógrafos que tomaran tres vistas del cadáver tal como se hallaba, es decir boca abajo y con la cabeza cubierta con pasto. El cuerpo del desconocido vestía un terno de paño carmelita, zapatos del mismo color, chaleco, camisa a rayas y corbatín.El sombrero era negro y se hallaba a alguna distancia del cadáver; tenía huellas de violencia y la copa estaba atravesada a puñal.IdentificaciónLa sorpresa sensacional para los cronistas que concurrían a esta diligencia y para los funcionarios fue cuando el juez ordenó que el médico de la Policía procediera a examinar el cadáver para saber cuántas y qué clase de heridas tenía. Entonces los agentes retiraron el pasto que cubría la cabeza de la víctima y dieron la vuelta al cuerpo descubriéndose que se trataba, ni más ni menos que del popular “Mamatoco”.19 puñaladas por la espaldaEl médico examinó detenidamente el cadáver notándose que presentaba una profunda herida causada con arma cortante y punzante a la altura de la primera vértebra; el saco que vestía se hallaba lleno de perforaciones y cubierto de sangre.Entonces se procedió a desnudar a la víctima; así se descubrió que tenía la espalda llena de punzadas; se le contaron 19, todas profundísimas, que debieron perforar los pulmones y el corazón.Ni las manos de la víctima, ni sus vestidos, ni los alrededores del piso en donde apareció el cadáver denotaban huella alguna de lucha; todo parece indicar que los desconocidos sorprendieron a “Mamatoco” a traición sin darle tiempo a defenderse con sus ágiles y fuertes puños.Al anfiteatroTerminadas estas diligencias el doctor Amézquita ordenó recoger las ropas de la víctima y enviar el cadáver al anfiteatro de San Diego, con el fin de que los médicos forenses practiquen hoy la autopsia legal.InvestigaciónSobre las fragilísimas pistas que existen para desenmascarar a los criminales se movilizaban esta madrugada, con extraordinaria rapidez, el juez Amézquita y sus secretarios a más de ocho detectives destacados por la prefectura nacional de seguridad.Lo vieron con dos desconocidosComo pista inicial existe la declaración de un agente de la Policía Nacional que se hallaba de ser vicio a inmediaciones del Parque y que vio, a eso de las diez y veinte minutos, a “Mamatoco” que bajaba con dos individuos. El éxito de la pista es que el policía conocía a los dos acompañantes del púgil charolado.En el Imperial“Mamatoco” pasaba casi todas sus noches jugando billar en el Café Imperial; la última vez que estuvo allí fue el martes por la noche cuando jugó varios “chicos” con un exdetective y con otro ciudadano. En el café nos informaron esta madrugada que allí no tenían conocimiento que por cuestiones de juego hubiese tenido disgusto alguno dentro del establecimiento.PersonalidadLa personalidad múltiple y atractiva de “Mamatoco” es ampliamente conocida en todo el país; nació en el pueblecito del Magdalena que le dio su sobrenombre cuando surgió a la vida deportiva como boxeador; recorrió todo el país sosteniendo encuentros con otros púgiles criollos y luego viajó por toda la América ganándose la vida con los puños; (su suerte en estas giras fue variada, pues en algunas capitales conquistó éxito mientras que en otras sufrió espantables palizas.Vía de Minca a Mamatoco, en el departamento de Magdalena, a la altura de la vereda Tigrera.Foto:Paola BenjumeaDesilusionado de la vida pugilística se dedicó al pequeño comercio y hasta llegó a establecer una tienda de licores; pero un mal día se embriagó y con sus fuertes manos destruyó el establecimiento, hirió a ocho agentes de la Policía Nacional y dio con su humanidad en la cárcel.Años más tarde se le detuvo como “conspirador”; se había afiliado a un partido nacionalista de organización clandestina que giraba bajo programas secretos anticonstitucionales; volvió a la cárcel y estuvo detenido durante algún tiempo acusado con oficiales del ejército y particulares de atentar contra la seguridad del Estado; pero después se le puso en libertad y hace apenas quince días que salió el auto definitivo de sobreseimiento a su favor.“Mamatoco” volvió a la vida activa y entonces fundó un periódico denominado “La Voz del Pueblo”; como estaba casi todo dedicado a críticas sobre organización policiva y lo introducía clandestinamente en las Divisiones, la dirección general prohibió al Cuerpo armado su lectura. Pero Pérez no desmayó y hasta el día de su triste muerte continuó sacando el diario.En las pasadas elecciones para diputados y representantes se presentó ante el electorado con plancha propia en la cual figuraba él como principal; naturalmente la lista no consiguió votos.Estaba casado con doña Rosa Rubio de Pérez y vivía con ella y con su señora madre en la casa 9-57 de la calle quinta. Allí lo visitaban numerosos policías que le conservaban gran cariño, pues veían en él a un amigo sincero que se preocupaba seriamente por los problemas del Cuerpo armado.Sin embargo, en otros sectores de la Policía lo odiaban profundamente, pues parece que se entrometía más de lo necesario en ciertos detalles peligrosos.DudasAl iniciarse la investigación son muchas las dudas y los interrogantes que han surgido. ¿Con qué engaños fue llevado a La Magdalena “Mamatoco”? ¿Por qué se hallaba en un sitio intermedio entre la casa del señor ministro de Gobierno que guarda cama desde hace varios días, entre el Juzgado Permanente del Norte y la Octava División de Policía?Habla la viuda de “Mamatoco”A la una y media de la mañana hablamos con la esposa de “Mamatoco”, señora Rosa Rubio de Pérez, en su casa de la calle 5a., número 9-57.Cuando llegamos a la casa, la señora no tenía la menor noticia de la trágica muerte de su marido.Tocamos a la ventana y apareció doña Rosa con la apariencia de quien es despertado de un profundo sueño.Al decirle que “Mamatoco” había sido herido, ella exclamó: “Lo mataron!” Para tranquilizarla le garantizamos que sólo había sido herido, y entonces ella accedió a decirnos algo de “Mamatoco” y de su vida:Se casaron hace nueve años en la iglesia de Santa Bárbara. No tienen hijos. La señora Rosa apenas sabe ligeros datos acerca de la familia de su esposo, residente en Mamatoco, Magdalena. Su origen le dio a Pérez el apodo por el que era generalmente conocido.Ayer se levantó “Mamatoco” a las ocho de la mañana y salió a la calle. Volvió a su casa a almorzar a las tres de la tarde. A esta hora su esposa le informó que habían estado por la mañana a buscarlo dos agentes de policía, seguramente con el fin de darle alguna información para el periódico, en el que trataba con gran frecuencia asuntos referentes a aquel cuerpo. Hacia las cuatro de la tarde salió, sin decir para dónde, y sin que hubiera mencionado a persona ninguna con la que tuviera cita. Aunque algunas veces llegaba a la casa algo embriagado, ayer no había tomado trago y estaba perfectamente lúcido y tranquilo.La señora Rosa no sabe si su esposo tenía enemigo. No los conocía. Apenas menciona como incidente ocurrido a “Mamatoco” el ladrillazo que le asestó hace algunos años un individuo de apellido Villalobos, causándole una herida en la cabeza.Para terminar nuestra conversación con la señora, le preguntamos:—Perdone, usted, pero, ¿quisiera decirnos si “Mamatoco” tenía algún enredo amoroso?—Yo no sé, contestó—, Dicen que es muy enamorado, pero usted comprende que a mí, que soy su esposa legítima, nada me puede constar, Yo no puedo saber exactamente si es verdad o no lo que dicen. Mi esposo es en la casa “un cordero”.
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