La visita del vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance, a Armenia, que comenzó el lunes y prosigue este martes, no es un gesto protocolario más dentro de la agenda diplomática de Washington, sino un acontecimiento de profundo significado político y estratégico para la región. Por primera vez desde que Armenia se independizó de la URSS en 1991, un vicepresidente estadounidense en ejercicio pisó suelo armenio, un hecho que por sí solo refleja el creciente interés de Estados Unidos en el Cáucaso Sur y en el papel que Armenia puede desempeñar en la reconfiguración regional posterior a décadas de conflicto. Además, la visita deja acuerdos económicos muy concretos, como el que permitirá a empresas estadounidenses participar en proyectos de energía nuclear en Armenia.El viaje se produce en un momento decisivo para el país. Tras más de 30 años de enfrentamientos intermitentes con Azerbaiyán por el enclave de Artsakh, también conocido como Nagorno Karabaj, el conflicto culminó en la ofensiva militar de 2023 y en la expulsión forzosa de más de 100.000 armenios del territorio, hoy bajo control de las fuerzas azeríes. En agosto de 2025, Armenia y Azerbaiyán firmaron en Washington una declaración de principios orientada a la paz, la normalización de relaciones y la reapertura de rutas de transporte regionales bloqueadas durante décadas, con Estados Unidos como principal mediador.Es en este contexto donde cobra especial relevancia la iniciativa TRIPP (siglas en inglés de La ruta de Trump hacia la paz y la prosperidad internacionales), concebida por Washington como un corredor de comercio, tránsito y energía que atraviese Armenia y Azerbaiyán con su territorio de Najichevan. Sin embargo, más allá de la arquitectura económica del proyecto, la visita de Vance estuvo marcada por un elemento inusual y políticamente sensible: su respaldo explícito y personal al primer ministro, Nikol Pashinyan, a pocos meses de las elecciones previstas para junio.Vance afirmó que “hay que ser muy valiente” para tomar las decisiones que está tomando el actual Gobierno armenio y subrayó que Estados Unidos confía en Pashinyan para continuar el camino emprendido junto a Washington y sus socios internacionales. No se trató de una fórmula diplomática ambigua, sino de un respaldo directo, tanto político como personal, que plantea preguntas incómodas dentro de la sociedad armenia: ¿Cómo reaccionaría la opinión pública o el propio Gobierno si un alto cargo ruso expresara abiertamente su apoyo a un candidato concreto en unas elecciones armenias? ¿Y hasta qué punto se percibe de manera distinta un respaldo similar cuando proviene de Estados Unidos?Este apoyo explícito introduce una tensión evidente entre la necesidad de aliados internacionales y la sensibilidad histórica de Armenia frente a la injerencia externa, un país marcado por décadas de dependencia estratégica y por un electorado especialmente atento a cualquier señal de tutela extranjera.El primer ministro de Armenia, Nikol Pashinyan (izquierda), estrecha la mano al vicepresidente estadounidense, J. D. Vance, el lunes en la residencia presidencial, en Ereván. Pool (Getty Images)En el plano material, la visita estuvo acompañada de anuncios de gran calado. Uno de los más importantes fue la finalización de las negociaciones para el acuerdo de cooperación nuclear civil, conocido como el Acuerdo 123, que permitirá a empresas estadounidenses participar en proyectos nucleares en Armenia. Este pacto abre la puerta a la instalación de reactores modulares pequeños de fabricación estadounidense para sustituir a la central nuclear de Metsamor, construida en la era soviética y cuya clausura está prevista para 2036. La relación con IránEl acuerdo contempla hasta 5.000 millones de dólares en exportaciones iniciales desde Estados Unidos, además de otros 4.000 millones en contratos de suministro de combustible y mantenimiento a largo plazo. Este giro plantea interrogantes relevantes sobre el futuro de las relaciones energéticas de Armenia con otros actores, especialmente Irán, con quien mantiene un intercambio de excedente de electricidad armenia por gas iraní.Otro anuncio transcendental fue la confirmación de la primera venta importante de tecnología militar estadounidense a Armenia, un acuerdo valorado en 11 millones de dólares para la adquisición de drones de reconocimiento V-BAT. Vance defendió la operación afirmando que la disuasión es una condición esencial para la paz, dejando claro que Estados Unidos no solo pretende invertir en la economía armenia, sino también profundizar su cooperación militar. El mensaje fue interpretado como una señal directa a Azerbaiyán y como la apertura de la puerta a futuras compras de armamento estadounidense. La dimensión tecnológica ocupó también un lugar central en la visita. Vance confirmó la aprobación de licencias para exportar a Armenia chips avanzados de alto rendimiento, incluidos modelos que, según sus propias palabras, están fuera del alcance de la mayoría de los países del mundo. Centros de datos que utilizarán estas tecnologías ya están en construcción, alimentando un debate cada vez más extendido: ¿está Estados Unidos buscando en Armenia una alternativa parcial a su dependencia de Taiwán en sectores críticos como los semiconductores? Aunque la comparación pueda parecer prematura, la posibilidad de que Armenia se convierta en un nodo emergente de alta tecnología tiene implicaciones estratégicas que van mucho más allá de su tamaño o economía.Sin embargo, no todo fueron gestos y anuncios. La visita estuvo marcada también por ausencias significativas. Ni en las declaraciones públicas ni en los comunicados oficiales se mencionó el destino de los 23 armenios cautivos en Bakú, una cuestión que la oposición armenia exigía que se abordara. Mientras Vance y Pashinyan se reunían, cientos de manifestantes se congregaron en las inmediaciones reclamando que Estados Unidos utilizara su influencia para presionar por su liberación, una omisión que no pasó desapercibida para amplios sectores de la sociedad.La visita de Vance, que continúa este martes con reuniones adicionales antes de seguir hacia Azerbaiyán, deja una conclusión clara: Estados Unidos ha decidido apostar por Armenia como socio estratégico en una región históricamente dominada por otras potencias. El reto ahora será convertir los anuncios en realidades tangibles, gestionar las tensiones internas que este giro genera, especialmente en un año electoral, y comprobar si esta nueva etapa logra consolidar no solo inversiones y alianzas sino una paz duradera y socialmente aceptada en el Cáucaso Sur.

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