
Los economistas han predicho nueve de las últimas cinco recesiones, dice el viejo chiste contra el gremio, y como toda broma, encierra su verdad: la mayor parte de las previsiones yerran y las crisis importantes, como la de 2008, agarran al mundo con el paso cambiado. Ahora parece lo contrario. La economía mundial cumple 15 años continuados sin una recesión generalizada al margen del breve parón de la pandemia, pese a la grave policrisis que la amenaza desde 2020. A la covid le siguió la peor escalada inflacionista en 40 años, que los bancos centrales combatieron con una abrupta subida de los tipos de interés. La invasión rusa de Ucrania provocó un grave choque energético en Europa y, al regresar a la Casa Blanca, Donald Trump declaró una guerra comercial global.Y la nave va. El final de 2025 desprende un aroma similar al de 2023 y 2024, un balance mucho mejor de lo esperado al inicio, aunque llegue de forma muy desigual a pie de calle. El crecimiento mundial mantendrá una velocidad de crucero del 3%, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), con diferencias entre Estados Unidos (1,9%) o la zona euro (1%), claro. La Bolsa estadounidense y los índices globales se encuentran en máximos históricos y el desempleo en el mundo rico, en mínimos. El perjuicio de los aranceles ha sido menor de lo temido, las empresas e inversores se han adaptado al clima inestable tras estos años de entrenamiento en todo tipo de lances, y los Gobiernos de países desarrollados, independientemente del color político, han activado sin complejos grandes programas de estímulos y ayudas para contener los problemas. Han desafiado, en cierto modo, la teoría del ciclo que se consideraba natural en las economías. Si añadimos unas condiciones de liquidez más que amables, el sistema parece imperturbable a las tormentas. ¿Quién se atreve ya a pronosticar una recesión? Pero la economía estadounidense guarda unos cuantos esqueletos en el armario. La fiebre financiera por la Inteligencia Artificial eclipsa la atonía de todo lo demás, como el reparto desigual del crecimiento, el flojo consumo, el desempleo (en noviembre tocó máximos de cuatro años) o la inversión ajena a las tecnológicas. Las estimaciones de inversión de estas alcanzan los ocho billones de dólares hasta 2030, sin garantías de retorno de este dispendio. Cuando se trata de IA, “lo micro es macro”, advierte BlackRock, con acierto. Un pinchazo no dejaría prisioneros en ninguna parte del mundo.China afronta sus propios desequilibrios y el importante desafío de crecer con menos exportaciones; en la zona euro España mantiene una buena forma macro, pese a la seria crisis de vivienda, pero queda por ver si Alemania acierta con su plan de reactivación industrial y si Francia entra en barrena por sus problemas presupuestarios. También reina un temor fundamentado a una intervención que ponga fin a la independencia de la Reserva Federal por parte de Trump, lo que comprometería su credibilidad en la lucha contra la inflación.La visibilidad sobre lo que puede pasar con los aranceles este 2026, al igual que con las tensiones geopolíticas es nula. “Lo que más me preocupa del mundo al que vamos es la incertidumbre total. Las reglas internacionales que han dirigido la economía durante 60 años ya no rigen”, advierte Jorge Sicilia, economista jefe del BBVA. “Por primera vez en 50 años, no está nada escrito”, apunta, por su parte, Raymond Torres, director de Macroeconomía y Análisis Internacional de Funcas. Estos son tres posibles escenarios para 2026, y una distopía.Resilientes (y un poco dopados)“El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos”. Lo que ocurre con la economía recuerda a esa frase que Ilsa Lund le dice a Rick Blaine en Casablanca: están en plena guerra, la Gestapo les persigue, y ella está casada con otro, pero se lían. Aquí lo llamaremos resiliencia. Pese a que no se traslada de forma equivalente a la economía de carne y hueso, la de los ciudadanos, la coyuntura mundial sigue dando signos de fortaleza y las previsiones de crecimiento se mantienen en niveles similares, solo ligeramente desacelerados respecto a 2025.Francisco Uría, director general del Instituto Español de Banca y Finanzas de CUNEF, se apunta al club de los optimistas. “Hay motivos razonables para serlo, tengo la esperanza de que el acuerdo de paz en Ucrania sea una realidad y no creo que se pueda hablar de burbuja de la IA. Los niveles de deuda pública agregados son elevados, pero los mercados los están gestionando, salvo algún susto puntual, aunque sería bueno recuperar la disciplina fiscal. Todo esto cambiaría si hubiese algún shock geopolítico”, señala. Sí advierte de que existe un dopaje generalizado. “Las políticas públicas han elevado el gasto, las políticas monetarias mantienen un sesgo expansivo y los mercados están boyantes. Todo eso confluye en pos del crecimiento”, añade.Durante la crisis energética de 2022, por ejemplo, los Gobiernos europeos concedieron ayudas por un valor equivalente al 3% del PIB. El mantenimiento de las condiciones financieras y una paz duradera en los conflictos en marcha anclarían e incluso mejorarían las perspectivas, así como un entendimiento entre Estados Unidos y China.En Europa, el éxito del programa alemán constituye otro riesgo al alza y España merece comentario aparte. Considerado “el país preferido” de BlackRock en su informe de proyecciones de 2026 -el Ibex 35 se ha disparado casi un 50%-, se ha convertido en la inesperada locomotora de la economía europea. El PIB terminará 2025 con un avance del 2,9% y obtendrá un 2,2% en 2026, según el Banco de España. El peso de los servicios, ha resultado clave, así como los casi 100 millones de turistas, la llegada masiva de inmigrantes, los estímulos y la gestión de la energía, entre otros. “Ninguna de esas condiciones va a cambiar en 2026”, señala Javier Giménez-Díaz, de la escuela de negocios IESE, y añade: “los ciclos económicos no se mueren por viejos, se mueren porque les pasa algo”.El consenso de los economistas, citados o no en este artículo, mantiene este escenario base combinado con el segundo. Todos llaman a evitar el triunfalismo sobre la situación global que afronta, en cualquier caso, un freno. Sicilia lo resume así: “Los efectos de todos estos choques en el PIB han terminado compensados, pero eso no quiere decir que detrás no haya muchas cicatrices”, señala.¿Bien o mal? Sí a todoEl escenario anterior discurre en paralelo a una serie de riesgos que, observados de cerca, muestran las grietas del momentum. Alicia García Herrero, economista jefa para Asia-Pacífico en Natixis e investigadora principal en Bruegel, alerta del riesgo de inflación en Estados Unidos, pues prevé bajadas de tipos de interés que lleguen hasta el 3% a finales de 2026. “La Reserva Federal lo va a tener difícil, ya hemos oído a Kevin Hassett [potencial candidato a relevar a Jerome Powell en la Fed en 2026] preparar el terreno y decir que no va a ser sencillo bajar tipos”, recuerda. “En Europa, Isabel Schnabel también ha indicado que el próximo movimiento es al alza, es algo que no entiendo porque el problema que tenemos en Europa es un euro muy fuerte, sobre todo contra el renminbi [la divisa china]que es la economía que nos está comiendo el mercado”, añade.Vehículos listos para exportar en el puerto chino de Yantai (este), en una imagen de archivo. APEl gran temor de los mercados respecto a la Fed es su propia falta de credibilidad en la lucha contra el control de precios y que se pliegue a los deseos de Trump, especialmente en un año de elecciones (las legislativas son en noviembre), toda vez que el mandatario no ha tenido complejos en atacar directamente a la institución. Este es un posible detonante a tener muy en cuenta y agravaría los problemas presupuestarios de un buen puñado de países.Para la zona euro, Francia es un foco de incertidumbre: cerrará el año con un déficit del 5,4% (frente al 3% de máximo que exige Bruselas) y se ha llevado por delante cinco primeros ministros en dos años mientras trata de desatascar reformas. Pero también Estados Unidos arroja cifras inquietantes, con un desequilibrio presupuestario del 5,9% para este año y un gasto en intereses que ya supera su presupuesto en Defensa.En los últimos 10 años, la deuda pública combinada de los países avanzados ha llegado a su nivel más elevado desde las guerras napoleónicas, y una sacudida en los mercados pondría la máquina del pánico a funcionar. Para 2029, a nivel mundial, habrá llegado al 100% del PIB, algo que no ocurría desde la Segunda Guerra Mundial, con algunos países ya por encima de ese umbral, entre ellos potencias como China, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón o el Reino Unido.Baja la marea: ¿Quién nada desnudo?“No ves quién está nadando desnudo hasta que baja la marea”, ha dicho Warren Buffett en repetidas ocasiones, a propósito de crisis varias. Eso es lo que ocurre cuando la exuberancia de los mercados se pincha y los verdaderos fundamentales de las compañías quedan al descubierto. La duda hoy con la euforia bursátil que ha propulsado la inteligencia artificial estriba en si nos hallamos ante una burbuja y, en caso afirmativo, cómo y cuándo va a empezar a corregirse. “Soy de las que opina que hay una burbuja, la duda es cómo se pinchará, si de forma ordenada o como ocurrió en 2008. Esto último podría traer muchos problemas, porque el mercado de valores es central en Estados Unidos”, afirma Lourdes Casanovas desde la Universidad de Cornell (Nueva York).Una criba ordenada mantendría a flote a las grandes compañías y eliminaría del mercado a las más hinchadas por la liquidez, pero los efectos se sentirían en el resto del mundo igualmente. BlackRock advierte en su informe de que el mercado de crédito entra este año en una fase más restrictiva. Paul de Grauwe, de la London School of Economics, también ve la burbuja. “La corrección llegará, ¿será en 2026? ¿dentro de dos años? ¿de tres? No lo sabemos, pero dependiendo de su virulencia podría llevar a una recesión”, apunta.La incertidumbre sobre la política internacional de Washington constituye, a su juicio, otra posible fuente de problemas que llevarían al decrecimiento, pero muy difícil de prever. En Europa, destaca las dos fuerzas que chocan sobre Alemania, la necesidad de ajuste de su industria frente al plan de su Gobierno, que en verano anunció su plan para emitir 850.000 millones de euros en deuda hasta 2029 para inversiones en defensa e infraestructuras.Para Raymond Torres, “la clave está en lo que pase en Estados Unidos, España tiene poca exposición a ese riesgo, pero hay un problema de inversión empresarial”. Sicilia advierte de que el crecimiento “ha sido muy extensivo, con poca productividad”. Si baja la marea, como decía Warren Buffett, eso es lo que se verá.Una distopíaEl infierno tiene variantes. En esta debemos pensar en un pinchazo descontrolado de la burbuja de la IA y, al vendaval que significa el Gobierno de Trump, añadirle un par de sustos geopolíticos. Gita Gopinath, ex subdirectora gerente del FMI y ahora profesora en Harvard, ha hecho unos cálculos inquietantes para The Economist: una corrección de la misma magnitud de la crisis puntocom liquidaría 20 billones de dólares de la riqueza de los hogares estadounidenses (equivalente al 70% del PIB) y las pérdidas de los inversores extranjeros equivaldrían el 20% del PIB del resto del mundo. El papel del dólar como colchón de seguridad, advierte, ya no funcionaría como antiguamente, a tenor de su débil comportamiento reciente.“Las crisis más peligrosas son las que se producen con algún acelerador financiero, en el caso de una caída de la Bolsa del 30% o la quiebra de algún banco estadounidense, el contagio es inmediato. Los Gobiernos deben decidir entonces sin deja que el sistema se ajuste y se purge o si el daño puede ser muy superior y lo intentan detener. El crédito y el consumo se resentiría en cualquier caso”, explica Jorge Sicilia. En el escenario aún más adverso, además, los economistas señalan la invasión de Taiwán —clave para la omnipotente industria de los chips— por parte de China y una escalada de tensiones con Venezuela.
Economía mundial en 2026: tres escenarios y una distopía | Economía
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