Redacción El TiempoEsta crónica fue publicada el 5 de febrero de 1987, de autoría de Germán Acero Espinosa.30 de enero 2026, 12:16 A.M. Actualizado:30.01.2026 00:16Vestido como un hombre pobre, un jean desteñido y una camiseta de $ 200, se encontraba el narcotraficante Carlos Enrique Lehder Rivas, uno de los hombres más buscados del mundo, cuando la Policía lo capturó en la finca Berracal, en Antioquia.”Frescos… ya me cogieron. Vamos a ver qué pueden hacer ahora mis abogados”, dijo Lehder cuando el sitio fue allanado esta mañana, después de producirse una llamada clave a la Policía de Rionegro.Cuando se produjo la ocupación de la finca, a unos 25 kilómetros de Medellín, los 20 agentes que participaron en el operativo no se imaginaron que allí estaba Lehder, pero sí que un “pez gordo” se ocultaba entre los 15 gorilas fuertemente armados.Hasta el último momento Lehder mostró una pasividad increíble e inclusive, estuvo a punto de irse de la finca porque, por el sofisticado sistema de comunicaciones instalado en la finca, se había alertado sobre la presencia de gentes extrañas, más exactamente de las autoridades.Lehder tenía el cabello un tanto largo y era, quizás, el peor vestido de los 15 hombres arrestados por la Policía, los cuales sostuvieron un enfrentamiento armado con los agentes durante más de media hora.Cuando fueron colocados en fila, para que se identificaran, uno de los agentes se mostró sorprendido con el hombre de camiseta y jean, porque tenía un tremendo parecido con Lehder Rivas.La sorpresa de los uniformados fue grande cuando a uno de ellos se le pidió la identificación y aunque en principio el hombre se mostró reacio, al final enseñó un pasaporte verde.El agente, visiblemente nervioso, leyó el nombre de Carlos Enrique Lehder Rivas y, lleno de la dicha, gritó: “Amigos, lo cogimos. Es Lehder Rivas. Hay que informarle a mi comandante. Esto es como si se nos hubiera aparecido la Virgen”. Lehder, pálido, permaneció en la fila de los quince hombres. Estaba tan mal trajeado que tenía la bota del pantalón metida dentro de los zapatos. No exhibía, como otros narcotraficantes, lujosas joyas.Y, lo más irónico, es que estaba tan confiado de que nunca lo capturarían, que en la finca no se encontraba, en el momento del allanamiento, ningún auto ni mucho menos una aeronave.No fue un golpe de suerte, porque la Policía de Antioquia ya tenía pistas sobre un “pez gordo” que estaba en el sector.Hacía menos que una semana la Policía había capturado en Medellín a una de las amantes de Lehder, con quien éste estuvo en Medellín.Lehder no estaba armado. Se cree, reveló un agente secreto, que el narcotraficante se encontraba allí desde hacía ocho días.Lo que sí es seguro es que Lehder asistió a una fiesta, hace como un mes, con otros “capos”, en un apartamento del sector de El Lago, en predios de Rionegro.Por las informaciones de la Policía, Lehder se entrevistó con Pablo Emilio Escobar Gaviria (quien se cambió totalmente su fisonomía, porque ahora es rubio y de pelo crespo y mucho más delgado) en esa misma finca.Imagen de Pablo Escobar durante los días en que estuvo en la cárcel La Catedral.Foto:Archivo EL TIEMPOEl pasado fin de semana, según revelaron los guardaespaldas, dos hombres de aspecto joven, al parecer extranjeros, estuvieron visitando a Lehder en la finca Berracal.Duraron casi cinco horas hablando en una pequeña sala de la alcoba donde vivía Lehder. Casi nadie lo visitaba y, la mayoría de las conferencias las hacía a través de una potente estación de comunicaciones.Lehder llegó a la finca en helicóptero, procedente de un estadero en las afueras de Toribio, Cauca. Hace medio año dejó la guerrilla del proindigenista Comando Quintín Lame.Había decidido radicarse en Medellín para asumir el control del cartel de la droga, ante las batidas de la Policía y el Ejército contra los grandes jefes del narcotráfico.Después de Navidad Lehder viajó a Armenia, por tierra, para visitar a una de sus amantes. Su primer contacto con la gente de Medellín lo tuvo el 29 de enero en un pescadero del barrio El Poblado.Siempre viajaba por la noche, en un campero, acompañado de cinco gorilas contratados en Itagüí, entre ellos Héctor Javier Herrera Mejía.Como cosa curiosa, Lehder, cuando se trasladaba a otro lugar, contrataba a gente oriunda de cada sitio, que conocía el terreno y le podía brindar una seguridad completa, como ocurrió con los guardaespaldas de Itagüí. La otra era gente de confianza.Lehder le tomó cariño entrañable a Olmedo Díaz, uno de los guardaespaldas, que resultó herido cuando trató de cubrir a su jefe para que se fugara.Desde que Lehder dejó el Movimiento Latino Nacional, que fundó, hace ya más de dos años, anduvo por el país con José Norbier Bermúdez, su escolta de confianza.La casa donde fue capturado gozaba de ciertos lujos y tenía la apariencia de una cabaña suiza. Lehder la quería mucho porque sabía que en ese lugar nunca lo irían a capturar. Tenía la certeza de que la Policía siempre lo perseguiría en Quindío.”Todo me imaginé, menos que me fueran a capturar aquí”, murmuró Lehder cuando entregó su pasaporte verde.El narcotraficante colombiano antes de ser extraditado a Estados Unidos.Foto:ARCHIVO EL TIEMPOEl narcotraficante, según los relatos, es muy trabajador. Se levantaba en la finca a las cinco de la mañana y luego de ordenar la labor de sus trabajadores hacía ejercicio y luego desayunaba y se dirigía a la sala de radio para hacer llamadas claves. Continuamente mandaba a Víctor Antonio Murillo Urbina, un peón del Llano, a Guarne para averiguar cómo marchaba todo por los alrededores y qué estaba haciendo la Policía.En Guarne conocían al dueño de Berracal como “don Polo”, un hombre más bien acomodado que nunca mostraba la cara.Sólo se oían rumores cuando llegaban chicas muy hermosas, que traía desde Medellín Orlando de Jesús Valencia Villar en un campero, bajo el pretexto de que eran hijas del patrón. Sin embargo, el murmullo del pueblo era mayor por el escándalo que hacían en bacanales y fiestas que demoraban hasta el amanecer, dos o tres días después de iniciadas.Todos los días, a las ocho de la mañana, Lehder les pedía a sus guardaespaldas “un informe confidencial” sobre la situación en Antioquia, relacionada con los operativos de la Policía contra los narcotraficantes.Lo primero que exigía era la prensa y tenía encargado a Nicolás Fernando Díaz Quiroz, un campesino de La Estrella (Antioquia), grabar los noticieros de la radio y la televisión.Lehder ni siquiera se inmutó cuando EL TIEMPO publicó la semana pasada la noticia sobre la captura de una de sus amantes. No se le dio nada porque la muchacha no sabía dónde se escondía el narcotraficante. Pero lo que Lehder nunca imaginó fue que la Policía venía rastreando a la chica en sus continuas llamadas a una “persona clave” en Guarne.Lo más extraño es que en la mañana del miércoles, cuando la Policía de Rionegro montó el operativo, nadie estaba alerta para avisarle a Lehder sobre la presencia de los uniformados en los alrededores.Lehder tenía tan controlada la situación, que había contratado todo un ejército de campesinos que, bajo el simulacro de llevar y traer alimentos en mula, mantenían la vigilancia de la finca.”Usted cayó por confiado y porque pensaba que nunca lo iríamos a pescar”, le dijo un policía que participó en el operativo.La salida de Lehder de la finca se produjo como un espanto, porque un helicóptero Irakois de la IV Brigada llegó hasta el lugar y ni siquiera aterrizó, sino que a corta distancia de la tierra recogió a Lehder y lo llevó a Bogotá.Germán Acero EspinosaEnviado especial

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