Se oye el quejido de Novak Djokovic a media tarde, conforme el adhesivo va despejándose y descubriendo la carne viva en el pie: dedo y planta. Señoras ampollas. En ese instante, el serbio ya ha entregado el segundo set y, aparentemente, todo se encamina a su despedida del torneo y el avance de Lorenzo Musetti, un tenista superdotado desde el punto de vista físico y al que mente y cuerpo no dejan de traicionar. Poco después de la escena, se echa la mano al muslo derecho y se duele también él, obligado finalmente a levantar la bandera blanca. Nole resopla y en la charla a pie de pista, admite: “Ya estaba yéndome a casa…”.Así de crudo es el deporte, insistente con la desgracia de Musetti. El italiano, de 23 años, se proyectó en el tenis base y la antesala a la élite como uno de los jóvenes con más talento y mayor potencial; sin embargo, su físico y su cabeza no le permiten crecer más. No por ahora. Cada vez que encara circunstancias comprometidas, su musculatura tiende a fallar; sucedió en abril, durante la final de Montecarlo contra Carlos Alcaraz, y vuelve el infortunio en la central de Melbourne, donde lo que parecía no es. Djokovic tenía pie y medio fuera del torneo y él no aminoraba el paso, pero la pierna avisa, le frena y al final le torpedea.Más información[Noticia de última hora, en breve publicaremos la ampliación].

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