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La captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores, en un operativo aéreo ocurrido en la madrugada del 3 de enero, abrió un nuevo escenario de incertidumbre en la franja limítrofe entre Colombia y Venezuela, donde delinquen estructuras armadas con presencia histórica y redes de apoyo a ambos lados de la línea fronteriza.EL TIEMPO conoció información que da cuenta de una reconfiguración de dinámicas en territorios donde el control no depende exclusivamente de la autoridad estatal. En zonas como Arauca y el Catatumbo, fuentes con conocimiento del terreno señalan la existencia de áreas campamentarias y pistas clandestinas utilizadas por el Ejército de Liberación Nacional (Eln) y frentes de las disidencias de las Farc que se mantienen activas en territorio venezolano. “Esos espacios de retaguardia, permitirían el cruce recurrente de combatientes para ejecutar acciones en Colombia y retornar al otro lado de la frontera, un patrón ya observado en periodos anteriores”, dijo una fuente militar a este diario.Los contactos para la venta de la cocaína se iniciaron en febrero de 2019 Foto:Daniel Martinez. AFP – Archivo EL TIEMPOLa Serranía del Perijá aparece como uno de los puntos donde se concentra esa presencia. Según los testimonios recogidos, en ese corredor se ubican asentamientos que facilitan movilidad, abastecimiento y repliegue.La compra de tierras en Venezuela, registradas a nombre de terceros, figura como una de las estrategias para asegurar control territorial y disminuir la exposición directa de las estructuras armadas, respaldadas por recursos financieros acumulados durante años.Para Duvan Castañada, consultor en temas de seguridad, los grupos armados colombianos que delinquen en Venezuela podrían reforzar su presencia temporalmente en ciertas zonas fronterizas en busca de mayores márgenes de maniobra ante la incertidumbre política y militar.La región de El Tarra, en Catatumbo. Foto:Cortesía“Estos grupos armados podrían intentar negociar con nuevos actores políticos o militares emergentes dentro de Venezuela, para mantener corredores de movilidad, logística o protección. Sin embargo, si se estableciera una presencia internacional o una autoridad centralizada antichavista, estos grupos podrían verse más acorralados y expuestos a operaciones conjuntas”, dijo el experto.El nuevo contexto político en Caracas introduce, sin embargo, variables distintas. Las mismas fuentes advierten que la relación que habría existido entre el Eln y sectores de la Guardia Bolivariana podría verse alterada. La posibilidad de filtraciones, entregas de información o cambios de lealtad genera un ambiente de cautela dentro de esas organizaciones, que ya no operarían con el mismo nivel de confianza en sus antiguos apoyos.Desde esa perspectiva, se anticipa que los grupos armados mantendrán la capacidad de “ir y venir” entre ambos países, aunque con mayores medidas de seguridad interna. La frontera seguiría funcionando como un espacio poroso, pero con ajustes en rutas, tiempos y puntos de concentración, ante el riesgo de operaciones militares o de inteligencia más intensas.Frontera en Norte de Santander. Foto:Andrés Carvajal.El panorama plantea desafíos directos para la Fuerza Pública colombiana. Analistas del sector defensa consultados insisten en la necesidad de reforzar vigilancia, coordinación interinstitucional y control territorial, especialmente en corredores históricos de movilidad armada. “La lectura es que cualquier vacío o demora podría ser aprovechado por estas estructuras para recomponer su accionar”, señaló uno de los consultados.En el plano político-militar, también se mencionan tensiones internas frente a la alineación con directrices del Ejecutivo y la relación con actores internacionales. En ese escenario, las decisiones que se adopten en Bogotá y la forma como se gestione la cooperación o confrontación en la frontera marcarán el margen de maniobra de los grupos armados que hoy delinquen entre Arauca, el Catatumbo y la Serranía del Perijá.Redacción JusticiaJusticia@eltiempo.comMás noticias de Justicia:
